Le tenía ganas. Había pasado varias veces por delante, y en un barrio en el que todos los restaurantes tienen ese punto fashion y modernete, este no invita a entrar. El sitio es pequeño y es necesario reservar incluso para comer entre semana. Puedes comer en una mesa con sus correspondientes sillas, o comer en el suelo sobre alfombras, cojines, etc.
Sin saber ni papa sobre la gastronomía de Marruecos, la carta apunta hacia allí: cuscús, tajines, humus y así.
Yo probé el humus y el cuscús de cordero con verduras, muy buenos los dos; también un té verde muy rico.
Lo dicho, entre tanto restaurante fashion, un sitio distinto, con buena comida y encima barato.

