Acertada sobriedad
Amaro ocupa el local del antiguo Tandem, un restaurante donde se comía bastante bien por un precio razonable. Además del local, el nuevo restaurante ha heredado este concepto de su antecesor.
La sala está decorada con sobriedad, aunque resulta muy cálida. En la carta dominan los arroces (una página entera) y según parece el que tiene perdiz es la especialidad de la casa. Los que entienden dicen que cenar arroz es un disparate digestivo: sin problema, para los que van de noche la carta es lo suficientemente atractiva como para ignorar el arroz y encontrar otras cosas ricas.
Los camareros, bastante eficaces, trajeron enseguida los entrantes: espárragos a la plancha, anchoas del Cantábrico (excelentes) con pan, tomate y aceite de oliva, provolone a la plancha, pulpo a la gallega, croquetas de cigalas... todos muy tradicionales y todos perfectos. Los segundos platos en la misma línea.
Con las Navidades encima, pocos se atrevieron con el postre (¡ese vestido que todavía no cierra!!). La Fortuna premia a los valientes y los que pidieron la tarta de manzana con salsa de toffee o la de chocolate negro -servidor- salieron con el michelín embravecido, aunque sonriendo como el gato de Cheshire.
Un buen restaurante de toda la vida, aunque sea bastante nuevo, sin cursilerías de gourmet a la violeta, decoración contemporánea y precio razonable (30-35 €), teniendo en cuenta los bucaneros del fogón que acechan al aficionado en cada cruce de caminos.
Aviso: fumadores y no fumadores conviven en revoltijo, aunque el local está bien ventilado y no se sale oliendo a tabernaza.
Pueden verse fotos del local, la carta y alguna otra cosa en www.amarorestaurante.com
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Como comer en casa de tu abuela
Abrir la puerta de esta típica casa de comidas es volver en el tiempo a cuando comías en casa de tu abuela. La decoración‚ los platos de toda la vida (lentejas‚ filete con patatas‚ pollo asado‚ guisantes con jamón...)‚ no hay nada en Casa Ciríaco que no sea más casero que un par de zapatillas gastadas.
Sin embargo‚ lo más divertido son las camareras. Todas tienen pinta de llevar trabajando allí desde 1897 y a la primera de cambio te tratan como si fueras un nieto díscolo. Si te ven flaco y pides verduras es probable que te regañen y te "ordenen" que comas algo más contundente. ¡Ay de ti como no te acabes lo que pidas! Te pueden castigar sin postre tranquilamente. Casa Ciríaco está gobernado por un grupo de super-abuelas gruñonas y eso es algo que hay que ir a ver una vez en la vida al menos.
Luego, dependiendo de lo que te guste que te disciplinen, vuelves o no (yo voy poco‚ con la edad me he echado a perder y ya no me gusta que me regañen los desconocidos‚ aunque tengan 80 años).
La comida casera‚ excelente. Los precios ajustados. Las abuelas‚ tiernas pero feroces.
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El Comercio (La Posada de Esquiladores)
+34 920 383 498
Calle de los Esquiladores 1
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Muchos motivos para ir
El Comercio es el nombre del restaurante que hay dentro de la elegante Posada de Esquiladores‚ hotelito con encanto situado en San Esteban del Valle‚ subiendo por el puerto del Pico desde Arenas de San Pedro hacia Ávila. El hotel y el restaurante hacen que valga la pena planificar un fin de semana en la zona.
El restaurante se ha ganado ya merecida fama‚ especialmente en otoño‚ donde la carta está llena de platos a base de setas. Además‚ no hay que dejar de probar un primero exquisito: un suave queso de cabra (de una quesería artesanal cercana) pasado por el horno y aderezado con picadillo de pimientos rojos asados. El carpaccio de berenjena es otro acierto y entre los postres‚ el biscuit de higos y la tarta de manzana tienen gran nivel. La cafetera de diseño que exhiben a la entrada del restaurante hace un café sensacional.
Las camareras son atentas y eficaces‚ aunque todavía no han aprendido a apuntar qué comensal ha pedido cada cosa‚ lo que resulta en una encuesta cada vez que llegan los platos. Un problema menor en un restaurante que aprueba con nota alta.
La decoración evoca una tienda de coloniales que había en el mismo lugar y es discreta y refinada como el resto del hotel. El local no es ruidoso‚ lo que lo hace ideal para cenas románticas.
Con un vino buenecito (Murrieta 2001) salimos a 30 € por persona. A la salida‚ un paseo por el pintoresco San Esteban redondea la agradable experiencia. Muy recomendable.
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Pasta Nostra Pizza Nostra
+34 914 134 846
40.459199 -3.660198saved by 5 people: there are 2 reviews and 7 menus
Pizzas finas‚ crujientes y descomunales
Casi todo lo que se dice en otros comentarios sobre los restaurantes de esta cadena es aplicable a éste (que tiene la entrada por López de Hoyos‚ aunque está a la altura de Arturo Soria 195‚ al lado de Vips).
El local es enorme y se encuentra mesa sin demasiados problemas. El servicio ha mejorado y aunque tienen algún fallo‚ los camareros son amables y voluntariosos.
Lo mejor‚ las pizzas‚ todas enormes y de masa muy muy fina y crujiente. Por ejemplo la cuatro quesos‚ en casi todas partes incolora‚ inodora e insípida‚ es bastante sabrosa. Pidiendo pizza es casi imposible equivocarse . Las pastas son más irregulares‚ es cuestión de acertar‚ aunque el nivel medio es correcto.
El local está decorado con fotos de artistas italianos de la época dorada de Cinecittá‚ todos comiendo o cocinando pasta. No es una idea para haberse matado de originales‚ pero las fotos entretienen la espera entre plato y plato y animan la conversación. Una voluptuosa Gina Lollobrigida cocinando espaguetis presidió nuestra comida y dio pie a divertidos comentarios sobre la maestría de su cirujano estético (a los 82 está igual que a los 28).
Unos 25€ (¡con vino!) por comer aceptablemente en el italiano del barrio. ¿Quién da más?
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Un navarro de diseño
Diseño de interiores‚ que la cocina es tradicional. En el local domina completamente el negro‚ por lo que puede parecer un poco oscuro‚ aunque el resultado general es elegante. Me llamó la atención el uso de ladrillos corrientes para hacer una especie de paneles decorativos‚ queda muy bien.
Hasta los camareros‚ la maitre y el cocinero / dueño van de negro negrísimo.
En cuanto a la cocina lo mejor son los primeros / entrantes‚ deliciosos. El resto está bueno pero no para hacer la ola.
Sálvese quien pueda, restaurante fashion
Que nadie se llame a engaño. Le Garage es un local fashion donde ver y dejarse ver y ya que estamos, comer cosas. El que quiera llamar a esto restaurante está en su derecho, pero que se deje las expectativas culinarias en la puerta. Es importante tener esto en cuenta porque ir a Le Garage puede ser una experiencia estimulante y divertida. Pero comer, lo que se dice comer, bah, bah y bah.
Nada más entrar nos sorprende un local muy moderno, lleno de treintañeras con botox vuelta y vuelta, un par de caras conocidas y varias decenas aspirando a serlo, grupos de divinos de la muerte, pijos viajaos y turistas de provincias dándose un baño de capitalidad. El local es grande, lleno de recovecos y con diferentes estilos de decoración. Llama la atención una zona empapelada con lo que parecen páginas de anuncios inmobiliarios de algún periódico japonés.
Lo normal es que reservar una mesa haya sido una odisea (hay listas de espera de semanas). Una vez sentados en la mesa, decenas de camareros vestidos de negro se dedican afanosamente a ignorar a su clientela. El arte de hacerse el sordo se lleva mucho en el gremio de la hostelería y alcanza categorías sublimes en Le Garage. Quince minutos después de sentarnos alguien tuvo el detalle de preguntar qué queríamos. Ante la sorpresa del camarero, pedimos la carta (!) y tuvimos que esperar otros diez minutos porque no había suficientes para los comensales del restaurante (!!). El agua llega en diminutas botellitas de la marca Voss (preciosas) a 5 eurazos. Todo el mundo se las lleva al salir, así que nadie se corte.
La carta podría ser calificada de ecléctica, aunque para entendernos es mejor decir que parece no tener pies ni cabeza. Lo mismo se pueden pedir unos langostinos a la plancha que varios tipos de sushi o un pollo vagamente asiático. Todo está ni fú ni fá, aunque lo cobran como si estuviera Ferrán Adrià en la cocina. Las raciones, como era de esperar, están pensadas para los que vienen cenados de casa. Los postres no tenían nada digno de ser recordado. Es más, han pasado pocos días y ya no me acuerdo de cuáles pedimos.
Al acabar la cena y tras aligerar la bolsa de unos cuantos doblones (40-50 € por barba con vino), suele ser de rigor tomarse una copa en el mismo local. La barra está rodeada de mesas donde comen los que eligen zona de fumador y no le dan importancia a estar casi a oscuras (hay gente para todo). Para una copa el lugar es divertido y vistoso, con buena música. Recomiendo a los que quieran conocer Le Garage que cenen en alguna otra parte (tienen La Gamella y su mítico steak tartare en la puerta de al lado) y vayan luego a tomarse una copa. Para sentirse divino y a la última no hace falta comer mal.
Italiano creativo
Que nadie salga corriendo por el título: Dilola es un buen restaurante, con decoración y platos imaginativos que van más allá de lo que suele ofrecer el típico italiano.
De la decoración destacan los bonitos paneles de granito en las paredes. No sé cómo será de día pero de noche la iluminación es "tenue" (hace falta un casco de minero con linterna para ver lo que comes).
Los entrantes que pedimos estaban todos de primera. La tempura de verduras caliente, crujiente y riquísima. Pedimos también una focaccia de 4 quesos y hierbas que estaba en su punto. Los platos principales estaban bien, unos mejores que otros pero todos de bien para arriba.
Si os gusta el chocolate, uno de sus postres es un "soufflé" de chocolate que quita el sentido.
Buen servicio, con vino sale a unos 40€ por barba y tiene zona de fumadores.
Yo volveré.
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