De los mejores chinos
Un sitio lleno de encanto. No sólo porque por dentro parece una marisquería de los 70 (que lo era), sino porque la carta es tan auténtica y su personal también (que a veces no hay quién les entienda), que te sientes en cualquier sitio menos en Madrid.
Los tallarines son de impresión, hechos a mano, y el pato genial. Puedes ir a cenar y salir tremendamente satisfecho por unos 12€ por barba. Ahí es ná.

