Restaurante CUARTO Y MITAD : ¡si lo sé no vengo!
Comida de Domingo en el RESTAURANTE CUARTO y MITAD , restaurante con solera, especializado en carnes, situado en la calle Bolivia de Madrid, semiesquina con Alberto Alcócer. Reserva telefónica para dos en el que la dueña del restaurante me asegura que le queda una mesa. Me toma nombre, apellido y número de teléfono. Reserva en firme. Parece. Al llegar no tenemos mesa. Finalmente la "mesa" que nos asignan a las tres y diez de la tarde, después de esperar de pie un buen rato, está situada en la puerta del restaurante y tapando la salida a uno de los salones, el de no fumadores, de tal modo, que estando tomando el vino de aperitivo, nos hacen levantarnos varias veces para mover la mesa y dejar pasar a los comensales que quieren salir del ¿restaurante?. Protesto. Nos cambian a una mesa no tan de paso. El producto del local es honesto, especialmente las carnes. Pedimos un postre y un puding.
Han transcurrido sesenta minutos sesenta desde que nos hemos sentado. En ese tiempo dos personas hemos ingerido una tortilla de patatas, un revuelto de trigueros, un entrecot de 250 gramos a la plancha y otro entrecot, este de 600 gramos con patatas fritas, mas un puding casero y un té. Más un Marques de Riscal 2003 servido en esas copas minúsculas de vino que perpetran algunos restaurantes. Pues bien, transcurridos esos escasos sesenta minutos, y con medio pudding por terminar, la dueña del restaurante nos manda la cuenta del restaurante. ¡Sin haberla pedido! ¡Después de tan sólo sesenta minutos sentados a la mesa!
Lo más gracioso es que, es tal el descontrol en el restaurante, que la cuenta-no-solicitada, que en cualquier restaurante del mundo es una invitación "a terminar la comida en la calle", asciende a sólo siete euros. Sólo nos cobran el puding. Le comento a mi acompañante que este gesto es el colmo. Que paguemos (los siete euros) y que nos vayamos. Ella me pide que no lo haga.
Acudo a hablar a la caja con la dueña para que me explique primero que porqué nos han traído la cuenta sin haberla pedido y segundo comentarle que tienen un elevado descontrol. En cualquier restaurante del resto del mundo, el dueño hubiera dicho: "Señor, ha sido un error, le pedimos disculpas. Le agradecemos que no se haya ido pagando sólo el postre. La casa le invita a los mismos. ¿Los señores desean tomarse una copa gentileza de la casa?"
Sin embargo, la "señora" que "gestiona" CUARTO y MITAD me responde con mirada desafiante y con voz destemplada, respuesta que por respeto a este foro no voy a reproducir. Le solicito la hoja de reclamaciones y acudo -eso si elevando la voz- a mi mesa. Desde mi mesa oigo como la "señora" dice a gritos "No sé que le pasa a este señor. Esto nunca nos había pasado".
Al salir he aprendido, para siempre, que:
1- Tengo mala suerte en la elección de restaurantes
2- En España el cliente ya no tiene la razón
3- En España el servicio en hostelería es una m con M mayúscula.

